Ana Becciu



El país. Esa cosa.
Ese acoso.
¿Lo ves venir?
Las cosas que hace para distraerse,
yo.
Las cosas que hace.
Ni su mamá.
No, claro. Ni su mamá.
Porque ahí está la cosa.
La cosa. Mamá. Qué difícil escribirte.
Siempre voy tropezando.
Vamos tropezando.
Vos también, mamá, vos también
tropezás.
Con la cosa, mamá, con la cosa.
Vos también, mamá, tropezás
con mamá.
El escondimiento de todo ese dolor.
El escondimiento de nosotros.
El dolor es nosotros.
Escondidos. Como un dolor.
Vamos. Hagamos como que.
Nos queremos. Dolorcitos.
Dolorcitos ellos que se quieren.
Dolorcitos nosotros.
No nos quieren.
Al dolor nadie lo quiere.
Por eso se atraganta.
Puto. Porque es puto no lo
quieren, por puto.
Puto en mi garganta.
Puto dolor. 


...


para A.
En medio del mundo mamá es un espasmo.
Ellos escribieron todos los libros.
Decían tantas cosas. En sus libros parecía
que el desolado era únicamente yo.
Y no. Detrás de los libros está
ella,
mamá está detrás de todos los libros.
Mamá escribe. ¿Y nosotros?
¿Conjuga ella esta persona, esta tercera
persona?
¿La conjugará?
Yo, y vos y ella y ella,
sabemos que no.
Solamente yo es conjugable.
Y mamá, pobrecita, como vos, como yo,
como ella y como ella
conjugará yo.
Un espasmo.
Pobrecita.
Y ya se sabe. Un espasmo
es una soledad. La soledad
la más sola.
Yo es la cosa atragantada
en la garganta de mamá
que va y dice mamá
pero nadie la oye.
Ni yo la oye.
Yo es desalmado. Ni su mamá
pronuncia.
Y su mamá, que lo pronuncia,
qué crimen.
De todo esto estamos hechos,
vos, yo, ella y ella,
del crimen,
de haberla convertido en un crimen.
Mamá es siempre un crimen. 

...


Quien ama tiene los ojos heridos.

La flecha le ha desgarrado las pupilas.

Y olvidó, al comienzo del viaje,

almacenar en sus alforjas las hojas de sándalo que los

restañarían. El desierto no tiene fin, le parece.

La noche la mañana serán piedras y arena, y arena y piedras.

No habrá piedad para estos ojos.

Arrancados de cuajo, y como dos gotas de agua,

haberse ofrecido como espejo para las piedras.


...



¿Y será verdadero

este héroe

o dios vagabundo

de la noche

cuando nada

ronde la tierra

próxima

a la palabra

y el

alba

crezca

en el falso

territorio

de mis ojos?

...



Anoche, aquí, con dos
de tus palabras
herías, herías, dos
de tus palabras,
te amo, decías,
experto, mortal.
 

...



Aguarda detrás de los vidrios.
Crece sin miedo.
Apela a los más fríos crepúsculos.

Es tu oscura cicatriz
iniciando la danza
profanadora de tu mente.


...




Quien reconozca
la noche
que aún no ha presentido
en su voz la locura;
quien reconozca,
al promediar la fiebre,
la angostura del aire;
el nacimiento
de todo lo que es miedo
y a solas late,
sabrá
qué es lo que se adueña
de los bordes.

...