ANA MARÍA RODAS


LA LUNA, SIEMPRE

Redonda, hinchada de frotarse contra el cielo
rasga mi piel con su delgada luz
Cae sobre mi pelo
con la levedad de una sirena
que no se hubiera dado cuenta
que no posee piernas
Solivianta mi sangre
me enciende de locura
me regala una piel fosforescente
y me convierte
aceite hirviendo
en fauna
(cascos y cuernos y cabello desbocado
bajo el lúbrico soplo de lo oscuro)


MUJER QUE DUERME

La mujer ve la luna cruzar por el rectángulo
y abraza al perro antes de abrirse al sueño.
Luna sobre la piel
piel de sirena
Sueños desportillados
amaneceres blancos
Se estira, lee lo que escriben sus amigos
los ama tanto
los ama a todos
El penacho del volcán le avisa
que hay viento norte
A los cincuenta y tantos,
dueña de una ventana
de diez metros
de largo
su vientre está dormido
Las sábanas son frescas
La ciudad gime
La mujer sueña


Carretera 66

Allí está para irme por ella con las misteriosas sombras de
caballos entre el pasto
                 /lejos de este tormento/
Si la pasión es una debilidad
cuán débil
               apoyada en las pasiones
mi vida

Mi vida abierta las veinticuatro horas al público
acentuada por maullidos de gata roja boca
entre escenas de apaleados y misteriosas lupas
rozando los periódicos

Mi vida  una ruta sobre papeles  sobre asfalto
imágenes viejas desleídas en agua
casas de rojo ladrillo
letreros de neón
viejos carros                                guitarras
sonando en vetustos bares de madera
            oscuridades
            sonidos sofocados
hombres de cabellos largos
sombreros

Veinticuatro horas abierta al público esta pesadilla
un viejo Cadillac reconstruido
pasa por encima de mis sueños


Poemas de la izquierda erótica

I

Amante nuevo:
quiero explicarte bien que entre tus ojos
y mis ojos
sólo hay deseo.
Que tu piel blanca a veces se oscurece
porque aquél que me marcó sigue aquí dentro.

Que quisiera decir tu nombre y no puedo
porque al abrir la boca yo recuerdo
una cama distinta
otros labios bebiéndose mis pechos

Y cuando lloro
y me prendo a ti con tanta fuerza
no es de alegría, amante.
Es de recuerdo.

II

De acuerdo,
soy arrebatada, celosa, voluble
y llena de lujuria

¿Qué esperaban?
¿Que tuviera ojos
glándulas
cerebro, treinta y tres años
y que actuara
como el ciprés de un cementerio?

III

Dijeron que un poema
debería ser menos personal;
que eso de hablar de tú o de yo
es cosa de mujeres.
Que no es serio.

por suerte o por desgracia
todavía hago lo que quiero.

Quizá algún día utilice otros métodos
y hable in abstracto.
Ahora sólo sé que si se dice algo
debe ser sobre tema conocido.

Yo sólo soy sincera –y ya es bastante–
hablando de mis propias miserias y alegrías
puedo contar que me gustan las fresas,
por ejemplo,
y que algunas personas
  me caen mal por hipócritas, por crueles
o simplemente porque son estúpidas.
Que no pedí vivir
y que morir no es algo que me atraiga
excepto cuando me hallo deprimida.
Que estoy hecha
sobre todo
de palabras.
Que para poder manifestarme
uso tinta y papel a mi manera.

No puedo remediarlo.
Por más que trate
no escribiré un ensayo
sobre la teoría de los conjuntos.

Tal vez más adelante
encuentre otras formas de expresarme.
Pero eso no me importa ahora;
hoy vivo aquí y en este momento
y yo soy yo
y como tal actúo.

Por lo demás, lamento no complacer a todos.
Creo que ya es bastante mirar hacia mí misma
y tratar de aceptarme
con huesos con músculos
con deseos con penas.
Y asomarme a la puerta y ver pasar el mundo
y decir buenos días. Aquí estoy yo.
Aunque no les guste.
Punto.