Jorge Boccanera

Los papeles del nadador

                                                            a Rodolfo Dada


I

Si el nadador tristea,
                     todo el mar es su lágrima,
todo el ruido del mar
                        es su tonada,
todo el mar es de vino.



II


Prueba otra vez, prueba una y otra vez.
El nadador sube hasta el trampolín,
entre las nubes altas,
los aviones que escriben en el cielo con humo,
las bandadas de patos.
Ya está en puntas de pie, ya flexiona las piernas,
                  estira bien los brazos.

Prueba otra vez, una y otra, una y otra, se
                  concentra, respira,
el agua hace silencio.
La ventolera tira sus manotazos y le arranca el
                  gorrito de baño, escupe en su antiparra.
Pero él insiste y otra vez, prueba una y prueba
                  otra.
Es un ovillo el nadador entre las nubes altas,
el humo que dejaron los aviones,
las plumas de los patos que emigraron al norte.
Puntas de pie, no vayas a fallar.
Vuela en picada el nadador, su dibujo es perfecto,
                  su boca entra al desierto.



III

de ser posible, leer con música 
de fondo de  Bob Marley


Mal rayo me parta, el cielo está muy resbaloso,
el vino escaso, la caricia extraña en estos días,
tu nombre llega como un golpe de vino a la
                  cabeza,
mal rayo me parta en tan inoportuna ocasión.

Simulo leer un diario bajo el aguacero de tu
                  cuerpo,
bienganado el diluvio, malhaya la tormenta,
pasa un cuerpo flotando bocabajo
y mal rayo me parta tan lejos de tu cuello.

Los cielos se mezclaron en tu boca pequeña,
los gatos se revuelcan en tu mano,
adelante el insomnio es un campo minado,
hay besos enterrados que pueden estallar.

Corro a campo traviesa con fósforos mojados,
¿qué es esta polvareda sino un fantasma tuyo?
El futuro es un traje pero para otro cuerpo,
los espejos del bar no preguntan por mí.

Hoy cargo mis valijas por el fondo del mar,
tengo pocas palabras
mis dos lenguas tropiezan dentro de una botella
y mal rayo me parta en tan inoportuna ocasión.



IV


Nadador
la verdad es una piedra pulida por el agua,
una estrella aplastada por algún tren carguero,
yace en el fondo, extraña, entre una multitud de
                 formas ondulantes.
Alguien tejió esa piedra para que te miraras con
                 tu viejo sombrero, tu sonrisa maltrecha.
Alguien dice tu nombre en la oscuridad de esa
                 piedra,
y te narran girando por los espesos caldos del
                 alcohol.
Se agotó la paciencia de tus labios que ahora
                 viven adentro de una piedra.
Los pliegues de tu miedo van a pudrirse allí.
Tu quieres preguntar y para preguntar primero
                 hay que morirse.
Nadie puede bailar en esos pasadizos.
Nadador,
mira como se apagan tus gestos en los bordes
                 redondos de esa piedra.
Empolla en esa piedra la canción del naufragio.



Ella


Viene despacio
       entra
tropieza con mi tos
con mi costumbre de dejar la nuca
en cualquier parte
       viene despacio
ordena mis silencios
desata las palabras necesarias
recibe la correspondencia de mis ojos
       viene despacio
a tender sus manteles de ternura
       viene despacio
apenas hecha humo para no despertarme
se abre paso entre vasos arrojados al día
        retratos de mujeres
noches de bronca y noches de ginebra
       viene despacio
con su enchape celeste subiéndose a mis mástiles
       viene despacio
       entra
se arrodilla al borde de mi alma
y junta los fragmentos de mi risa
después... se vuela azul como la tarde.

  
Envíos


Todo lo que se da llega a destiempo.
           No existe otra manera.
Entre el ojo y la mano hay un abismo.
Entre el quiero y el puedo hay un ahogado.
Un país que asoma su cabeza deforme en una
           carta,
y va a darse a destiempo, nada es lo que
           esperabas.
Y lo que llega envuelto en papel de regalo se irá
           sucio de odio.

Bailamos entre los escombros de una cita.
Dibujamos una taza de café en el desierto.
Vivimos de sumar y de restar:
lo que te da el amor, lo que te quita el miedo.
Al final nos entregan los huesos de un perfume.

Aún así persistimos.
En alguna montaña vive un pez resbaloso.
Entre números rotos se desliza una estrella.





Polvo para morder


I

A veces la palabra
como una copa rota donde morder el polvo
y otras veces un agua
de alumbrar.

Asomada a los cielos, la palabra,
es un tambor de polvo deshecho al primer golpe.
remando en el infierno, la palabra,
es un agua posible sobre un manto de cólera.


Entonces, la palabra,
¿polvo, para morder en la oscuridad?
¿Agua, para alumbrar este cuerpo callado?


II


Una lágrima sola para nombrarlo todo,
escasa es ella
digna de cuidado
Hay una
para la luz que queda, para el aire,
como la última bala contra todo el peligro,
una lágrima sola para toda la vida.

Como todo alimento y para respirar,
esa única bengala en medio de la noche.

Sin embargo este puño la aprieta con dulzura.
Va a hacerla polvo (dicen).
Va a hacerla polvo.




III


Bésale las piernas a la poesía
aunque diga que no que aquí nos pueden ver.
Bésale las palabras, hurga su lengua hasta
que abra los brazos y diga ¡Santo Dios!
o hasta que santodios abra los brazos de escándalo.
Bésale a la poesía a la loba
aunque diga que no que hay mucha gente que aquí
nos pueden ver. Bésale las piernas las palabras
hasta que no de más, hasta que pida más
hasta que cante.


V


¿Y las palabras?
Funeral, silencio.
El cielo es una esponja que devora los pájaros.
¿Y las palabras?
Como arrumbadas ellas,
como escombros,
como montón o nada que decir,
como basura humeando.
¿Y las palabras?
Unas: como un altar de clavos.
Otras: como luto en las mangas.
Como rotas de amor y para siempre.
Una bestia emplumada mete su hocico, escarba,
pero ellas arrumbadas como huesos pelados o
    nada que decir.
¿Quién arriesgará un ala?
¿Quién meterá su lengua sin temor a una herida?



Cuaderno del suicida


Mis pies parecen palas.
Y mi lengua y mis manos tienen forma de palas.
Si me viese al espejo vería solo
una pala.

Todo lo que yo haga
tendrá forma de fosa.


Hada


    Se alimenta de carne de venado, de hojas grandes y
             verdes, pero vomita nieve.
    Se desliza a gran velocidad, sube a los altos picos y
             cuenta lo que todos callamos.
    ¿Podría patinar sobre un pie? ¿Dibujar en un pie?
    Voy a decirlo de otro modo: la Sordomuda pasa con su
             cuerpo ladeado para recuperar el equilibrio.
    Aquí todos la aclaman: “no hay palabras, es única”.

    Con su pasamontañas se desliza.
    Clava sus espolones y mi lengua aterida se
             enrolla en viejos miedos.
    Y así ella se alimente de frutas amarillas o de peces
             plateados, siempre vomita nieve.
    Cuando vomite al bosque, yo lo conoceré.
    Ahora está en la pendiente: “no hay palabras, es
             única”.
    Yo rito del trineo, con mi hocico escarchado poco
             puedo decir.
    Para ella los aplausos porque puede bailar, dar
           vueltas como un trompo.
    Y si se lo propone,
    podría leerle los labios a un muñeco de nieve.


JORGE BOCCANERA (ARGENTINA, 1952)