Susana Villalba


UNABOMBER

Te escribí
o creo
haber visto tu sonrisa
melancólica
leyendo.
Tu silencio no sería
silencio
si no es en relación con esas cartas.
Te desespera esa distancia,
yo sé,
de milímiteros,
cuando los labios se buscan
me alejo,
espero que me digas.
Te llamé
y no estabas,
te llamé y estabas
en reunión,
en off,
te deje en el contestador,
en minitel,
CD.
Vi tu rostro de ángel desterrado
de toda fiesta,
el cuerpo también miente.
Tus ojos entrecerrados,
la boca a punto de decir
esperá,
no es el momento de alejarte.
Paso los dedos con saliva,
las uñas por la espalda,
como una descarga eléctrica paso
el cuerpo contra tu cuerpo
contra la pared.
Camino hasta la puerta,
giro y te veo
las palmas hacia arriba
entregándote a una ley
más fuerte que el sentido.
Ese vacío de un segundo,
un centímetro,
lo suficiente.
No hay presencia que conjure,
no hay fusión
que colme lo que es
completamente
soledad.
Todo placer es virtual,
objeto por sí mismo
distante
del cuerpo que se vive
como fuera
del cuerpo que desea.
Todo vale
sólo por comprobar
que más
y más adentro
es más el desamparo.
Y aunque digas así,
deforme tu sonrisa la humedad.
No sé qué murmurás,
tu aliento me quema
el oído,
una ráfaga de lucidez
te vuelve indescifrable.
Yo quería un romance
inolvidable,
buscar noticias de tu pueblo
en los diarios,
nevó
se hundió un pesquero
frente al muelle.
Quería escribir cartas.
Y aunque miremos
como si fuéramos nosotros el video
que vimos en un cuarto de hotel,
uno lejos del otro
tocándose
mientras el otro pasa
los dedos por la boca
como quien dice se hace agua,
tragar,
atragantar,
llename.
Desde lejos acaricio
la ilusión de postergar
la indiferencia
posterior.
Sudor, disolución
de la frontera que es uno.
Rodeame, apretá,
rodamos
y el piso era madera áspera.
Alcohol
que vaya derramando entre las
piernas
hasta olvidar para qué entramos
en esa habitación
Esperá
las gotas con la lengua
como un reloj de sal,
un plazo más agónico
por su morosidad.
Esa acritud de las axilas
que marca la escena con su olor
como quien dice se trata de animales
y goza de pensarlo.
Se enreda,
me enredo entre tus piernas
o en tu cuello,
nos desmembramos,
rearmamos en el techo espejado
una medusa,
algo resbala, siempre
algo se escapa.
Te ato
y tu caricia permanece,
ángel mío,
no se te hace justicia.
Te vendo los ojos,
no sabés por dónde
vendrá el ataque,
la caricia,
tenés escalofríos, gemís,
decís que ya no soportás
ni siquiera acabar.
Es poco
lo que queda
en pocas horas, al día siguiente
te vas mientras yo duermo.
Te escribí
a mano incluso,
con la otra mano me tocaba,
impregnaba el papel con ese olor
que ahora es tuyo, digo,
pero no es cierto.
Tengo la propiedad
de imaginarte
en cualquier situación.
Tengo grabados tus gestos,
tu voz,
los puedo insertar,
interactuar.
Pero no sé qué pensás
ahora,
si tomás café en la mañana,
si alguien duerme con vos.
No conozco tu cama,
tu mesa,
si está ante una ventana.
No conozco tu puerta, por ejemplo
abrís
y allí estoy
o el cartero.
No sabés quién soy,
sólo eso,
Unabomber,
un relámpago,
un flash.
Ese instante
en que rugimos o gritamos,
gemimos.
No hay forma de olvidar
la distancia de un cuerpo
a otro,
del otro al universo
prometido,
una luz que se fragmenta
en su espectro
al estallar el cuarzo.
Tus ojos en blanco
Mientras decís así,
así
matame.
Matame.



SÉ QUE MI PETICIÓN ES PRECIPITADA

yo
yo y mi
yo y mi cuerpo fuimos a esa fiesta
yo bailé
hermoso rico y poderoso rozaba mi cuerpo
mi betty boop mi reina descalza
mi nombre es yonimeri yo también
fuego furia ¿fumás? fuimos a su casa
estás mojada no sé no hemos sido presentados
sumergidos suma de noche estera estambres estaba aterrorizada
profeta centinela sentí un automóvil rojo rubio el tabaco
su espalda fuerte trepaba mi caída ínfimos funestos café
piedras para dormir me acompañaba a casa y olvidé decírselo
las palabras son monedas clavadas a la tierra
historias de susy siempre lo he sabido
cómo explicarte hubiese cupido calendario
perdida en los andenes al día siguiente mi sombra caía del piso 29
olvidé decirle que siempre nadie y yo nunca los amores cobardes
lloraba no llegan porque los hombres etcétera
él era despiadado todo un hombre quemado de belleza
mi cuerpo gemía como un gato y lo envidié pero yo nunca
me meto en sus asuntos
dijo tu piel mi nena dame no sé qué cosa qué llave del infierno
yo hubiera declarado desplegado y estrenado un novio
hubiese dicho a mis amigas entrado en algún bar
hubiese hubiese vino que me matara
habráse visto tan chiquita y calentando bancos en la plaza
ay corazón si te fueras de madre
siempre la pena entra la pena y la nada
mi cuerpo roto pegado a lo sumido curioso rito de cucharas en la mesa
sobre la mesa en la ducha él era el agua y me frotaba
belladona
dame en el centro de lo que siempre habla el espejo la sombra
del deseo era lacan en mi escritorio
ah para su estudio de análisis oh para sus análisis
acababa de ver
mi cuerpo demasiado tarde dónde estuviste le decía
ay corazón si supieras ser látigo y dormir.


TORMENTA 

El cielo, dice 
una antigua leyenda, 
no admite cobardes. 
Tu inmunidad es la diabólica 
estrategia de los dioses, 
todo es posible 
es imposible querida amiga, 
entre paréntesis 
fumamos demasiado. 
El enemigo tiene sus razones 
pero no incumben al caído. 
No estoy herida 
—dirás, 
mientras el paraíso 
agita sus ramas contra el vidrio—, 
no hay mal 
ni bien absoluto. 
Es absoluta tu imperturbable 
equidad, esa ventana 
por la que ves el mundo, 
el otro 
querrá soplar tu casa 
o no. 
Y quién dice, dirás, 
hay lobos y corderos 
el uno para el otro. 
Cordero de Dios, 
por mi grandísima 
(sos la raza elegida) 
me golpeaba el pecho 
sin saber por qué. 
Hay esas noches, 
llego a tu casa 
tarde, 
recorrí bares, 
caminé, 
escribí, 
no sé rezar 
de otra manera. 
Venga a nos 
el tu vientre, 
recuerdo, 
padre nuestro 
más líbranos de todo mal. 
Aquí 
esperando de la vida 
una vida 
que pueda reconocer en lugar 
de saber 
qué hacer con ésta. 
En la que no hay 
absolutos. 
Cordero de Dios, 
tú que quitas 
si pecados placeres. 
Hay lobos y noches 
de plenilunio 
con la adrenalina a mil, 
la princesa está triste, 
divertirse también 
es sagrado, decís, 
y ya estamos hablando 
de lo mismo. 
Y cuando llega el tiempo 
del amor enloquecer 
hasta que caiga 
un fruto harto de su miel 
vuelta vinagre 
de unción. 
Llega el otoño 
a recordar 
que pasa el tiempo y nada 
reclama adhesión 
absoluta. 
Se camina en círculos 
pero se camina. 
Un tiempo de colmillos 
a una tierra virgen. 
Parirás con dolor tu corazón 
humano que nunca será 
juez y parte. 
Madre de Dios 
ruega por nosotros. 
Dirás por qué buscamos 
siempre 
las puertas cerradas. 
Porque somos lobos 
disfrazados 
soplando despacio 
y sin pausa 
la casa de Dios. 
Santo, Santo, Santo 
Señor de los Ejércitos. 
Tu casa parece venirse abajo 
pero aquí estamos 
mientras baten los postigos 
y el paraíso resiste. 
Hay tiempos, 
el tedio del verano, 
“ahora tengo mil años 
y muy poco que hacer”, 
sería cronista o líder 
de una revolución 
que no soportaría. 
¿Dirás que tuvieron sus razones? 
¿Que somos todos responsables? 
Pero tampoco 
fuiste a la marcha, 
creés en nada 
o todo 
te hiere demasiado, 
que es lo mismo. 
Estás soñando, 
yo también. 
Siempre se vuelve 
al lugar del crimen 
que no pudimos cometer, 
se camina en círculos 
pero en espiral, 
no te preocupes si llegamos 
al mismo lugar, 
lo vemos de otra manera. 
Qué tendrá la princesa 
rezando pagana 
al corazón del fuego. 
Para desear 
hay que ser absolutamente 
injusta. 
Por eso dirás, 
te conozco y ya no sé 
de qué estamos hablando, 
me estás confundiendo 
y aliviando, 
ahora es relativo 
hasta el desasosiego. 
Te estás moviendo 
y todo se mueve 
—decís— 
si te definen están marcando 
sus límites. 
Te falta un mundo maravilloso 
en su inmensa pequeñez. 
Y soportarlo. 


NOH 

Corazón de agua 
¿dónde echa raíces 
el amor? 
Todo dios 
de un mundo antiguo 
es ángel negro. 
Afinación 
de una cordura transitada, 
lo espera a la orilla 
de su cuerpo. 
La marea reina. 
Resaca 
de una noche de batalla 
con los bordes, 
funámbulo de tierra. 
Si el jaguar no se acerca 
el fuego emana 
un sudor de madera 
corrompida 
que finge un animal. 
Un sitio 
por vacío. 
Sitiar un corazón 
tomando el cuerpo 
circundante. 
Golpea el mar 
la piedra que ama 
ser derribada en su certeza. 
No se puede vivir 
tan cerca del origen 
de una pasión. 
Refleja 
su espera un gesto 
que transforma la quietud. 
El que dice 
en el Noh permanece 
al costado. 
Afinación entre palabras 
silencio y la pasión 
del que mira. 
Un actor 
sabe qué hay detrás 
de la máscara. 
El secreto del pájaro 
es que anuncia 
lo evidente. 
Y ahora la mañana es 
un pájaro que canta. 
Amor es una respiración, 
templar un corazón 
en el latir entre vacío 
y plenitud. 
Si el fuego no arde 
se asfixia, 
se deslumbra 
ante un alma que atormenta 
opone tempestades. 
Cuerpo de sal, 
idea del naufragio, no hace el amor, 
lo comete. 
El agua no sabe de la sed 
de un guerrero perdido 
en el naufragio de su idea 
de batalla. 
Cambian de forma 
las nubes 
si sopla el viento. 
La arena como un puma 
se deja acariciar 
y sueña 
al sol. 
El secreto del pájaro 
—piensa— 
es que es un pájaro 
también cuando no canta. 
Palabras cubren 
la distancia. 
Como la luz 
se hace el amor. 
A imagen y semejanza 
del deseo 
de apagar una hoguera 
con el cuerpo. 


LA NOCHE DE TANABATA

Es la noche
de Tanabata
pero yo no sé dónde está
la orilla del río
del cielo.
Ni el cielo
lo dice.
No sé cuál es el puente
que nos une
y nos separa.
Yo no sé qué pasó,
la vida no es un lugar
seguro.
No hay ceremonias,
los amantes unidos
por un hilo de plata.
Sueño con calles
en las que estás caminando
mientras sueño,
al despertar es tarde.
Yo no sé qué hacer,
el amor es animal.
El camino terminaba
en un acantilado.
Iba un loco
en un coche policial,
feliz de andar en auto,
sentí miedo del dolor,
de la química,
de las palabras que se quiebran 
de pronto.
Fuera de mí,
fuera de mi casa,
fuera de todo lo que te ofrecí
voy.
Pero vuelvo, no creas
que pedía más
que la intensidad del azul
ante el naranja.
Yo no sé qué pensar,
para qué
si no quiero entender,
si no hay razones
a veces.
No sé si creer otra vez
en signos que no sé leer
en el río del cielo.
No sé si buscar el puente,
quizá nunca lo hubo.
No sé qué decir,
acaso te convoco sin saber
adónde.
No importa,
haré una ceremonia incorrecta
mirando la luna.
Pregunto a tu parte oscura
si es cierto
que desayunamos juntos.
El tiempo pasa,
no hay aniversarios.
La vida gira
bruscamente,
yo no vi la señal.
Ya no sé si es mejor 
perder lo que se debe 
para encontrar,
antes me dije estas cosas
pero estoy cansada.
¿No hay nada que decir?
No hay nada que hacer
para desanudar las almas que se aferran
a otras almas anudadas
a otras almas.
¿No hay parte en el amor
que guarde algún recuerdo?
de la luz 
sobre la contingencia.
Acaso es un torrente
continuo
y precisamente
por eso.
Ya no sé quién sos.
No pudimos despedirnos
de los muertos.
Así sin inhumar
el cuerpo de este amor
enterrará el próximo amor.
Como fui yo el cordero
bajo el mismo puñal
que habías recibido.
Ahora soy quien pregunta
al río:
el amor es un torrente
continuo
pero estamos fijos en el horror
de no permanecer.
Hasta el fuego 
necesita adherencia,
sólo la noche existe
aunque nadie la mire.
Acaso el puente para dejar 
en claro:
cada uno ocupa un sitio
diferente.
No era necesario,
siempre estamos solos,
siempre está a la vista.
No te pedía el alma
por un pacto,
ya no hay pactos,
“es la estrategia del demonio
hacer creer que ya no existe”.
Ya no sé si creer
en las palabras,
es la noche de Tanabata
y no lo sabés,
no leímos los mismos libros.
No sé el lugar
que no conozco,
no hay corazón tan sabio
ni vocación de tenerlo 
ni quien
indique el camino.
No hay caminos,
es el momento para inventar
liturgias,
construir un gesto,
un filme o un río
para los separados eternamente.
Eternamente despidiéndose
de sí mismos.
Reconstruirse en el dolor
es otro dolor:
que lo desee
no hará que exista.
Preparo café,
ya no puedo sentir más frío
por hoy, 
por este año.
Todo ha sido
una actuación en el vacío,
algo se quiebra
para instaurar.
En todo viaje, la ausencia
o volver,
se mueve el paisaje.
De todos modos el río 
está cegado aquí,
tiene una sola orilla
y cada vez
se es más inteligente.
Quiero decir más triste.
Ahora sé
que está cayendo la noche
de Tanabata
como una noche
más.