Enrique Roberto Bossero



SENTIRNOS SOLOS


No es estar solos
sino rodeados de otras soledades
que se creen acompañadas.
Estar solos entre esas soledades
o de otros en permanente estupor
duele más
que la oculta soledad de la noche
cuando creemos estar realmente solos
y sólo estamos
en medio de un coro ansioso de suplicantes.



10

(a los 75)

Los días
largos como espadas
se contradicen con
los años
veloces que
parecen de luz
días con profusión de lagañas
matutinas
huesos malheridos
horizonte en bamboleo
agobio de
soles más que amarillos
incoloros
por lo profundo
puntualmente oscurecidos
de minuto en minuto
en respuesta a un calendario
ronco
disciplinado
que nos domina desde el
inicio. En cambio
los años
no se ven
casi
ni se recuerdan
casi
ni casi se dejan comprender
mientras pasan
como relámpagos
frente al dibujo de una
ventana
en arrugas
no posible ya de abrir.
Sin embargo
la suma de días y
años propios
que algunos llaman
vida
permanece en lo oscuro
siempre
del tiempo.
Una suma de resultado
incierto
peligroso
en la que tiemblan los
cálculos previstos
cero más cero puede ser
igualmente nada o
infinito o
signo no posible de descifrar.
Alguna vez
sabremos algo de todo esto.
Nunca.



18

Venecia.
Estoy tomando un café en el
Florian.
Cerca de mi mesa imagino a
Borges
que imagina a
Proust
quien a su vez imagina a
Dickens.
Tiemblo.
Todos
sin saberlo
en este mismo momento
estamos tomando
el mismo
café.



IV

Tocar un vals de Chopin
después de
tantos años de tocar los valses de Chopin
ahora que diluvia
niebla
frente a un mar que no es mar porque es
cielo
tocarlo en el piano de siempre
el Pleyel ya centenario
hoy quizá un poco ronco por la humedad
que lo atormenta
(allá donde está ¿también diluvia?)
tocar un vals de Chopin
ahora
no mañana ni dentro de un rato
ahora
burlando la distancia el desasosiego la
inútil soledad
la intemperie
sería como
nacer otra vez
nacer de vida reiterada
con sueños en desmesura
sin fatiga de bostezo
sin trueque de inocencia
reconstruidos.
Tocar un vals de Chopin
ya.
Ya.
Y no vayan a creer que digo todo esto porque estoy
un poco triste.



VI

Mamá murió sin hacer ruido
pensando cuándo podría levantarse para
regar las plantas
también
diciendo que si existía otra vida
lo único que pedía a Dios era
la gracia de volver a tenerme como
hijo.
Lloré un poco
aun sabiendo anticipadamente
el fin perverso de sus huesos
pulverizados
que todo era preferible
antes que la resignación de
verla agotada en
días y más días innecesarios
de
siempre noches.
Nunca pronunció remanidas frases
qué desgracia
por qué a mí
no se vayan tan pronto
nunca. A la distancia
después de tantos hechos
comunes
nada perdurables y
de los otros
se me ocurre pensar
a veces
que
nos estuvo engañando
todo el tiempo en
represalia a nuestros continuos
la semana que viene vas a poder levantarte.
Después
no hubo
curas
sicólogos
advertencia de portarnos bien porque
nos está mirando desde una estrella

convencimiento de que
aunque nos parezca inculto
seguiremos jugando a
escondernos
engañarnos
inocentemente
todas las vidas.



XI

(poema imaginario en pequeño formato para un grande amor también imaginario)


Te llevo hasta en las uñas.



XIII

Ventana de mar y luna
de enfados en cielos turbulentos
miradora de brillos y artificio
en una falla tardía.
inmutable
corazón encendido
todo cabe en ella
en su balcón apresurado sobre
el mostrar de muchachas fingidas
ruidosas carruseles
indecisos perros y
lo demás
geométrica cuadratura
acopio de estrellas
de espumas salvajes colgando
desde la playa
todo
todo
casi la vida
pavoneándose en pequeñas glorias
no pequeñas.
Caen bombas sobre Bagdad
imagino el sufrimiento de Borges si viviera
¿será lícito ufanarse de mar y luna
espiadoras tras el marco de
una mínima ventana?
Ventana de mar y luna
una más en el paisaje de hoy otoño
cinta gris
huyente de luz también de fastidio
ventana de mar y luna había que echarle una ausencia
al descuido para saber que existía.



CATORCE

No debiéramos morir en la cama,
allí donde sólo tendríamos que amar,
y volver a amar
y volver a amar.
Morir sobre la alfombra, blandamente,
debajo de la enredadera abichada,
tocando el Carnaval de Schumann
o Para Elisa que es más fácil,
hay tantas maneras de morir:
después de una cena pantagruélica,
en medio de un tiroteo televisado,
orando en una peregrinación,
pero en la cama
no;
en la cama donde fabricamos el amor,
donde los niños se interponían graciosamente
no;
en la cama de los chirridos en la noche
y a la hora de la siesta
no;
en la cama de las fantasías pecadoras
y los falsos escalones
y los abismos irrespirables
y los andares desnudos donde nadie, nadie,
increíblemente nos miraba
no.
Y nunca entre los brazos de la ramera mugrienta,
escofiada hasta los pies y ennegrecida,
única sobreviviente de todos los diluvios,
que tanto le da acostarse con un viejo, un niño, una
muchacha
no.
No debiéramos morir en la cama allí donde sólo
tendríamos que amar.
No debiéramos morir en la cama.
No debiéramos morir.



ALGÚN DÍA VOY A RECIBIR UNA CARTA DE AMOR


Algún día voy a recibir una carta de amor.

Allí donde se amontonan los diarios estridentes,
las cuentas a pagar indescifrables,
los recordatorios depresivos,
allí,
un día voy a encontrar una carta de amor.

No importará el nombre de la mujer amante,
la antigüedad de su piel,
la fidelidad de su mano,
la música de su cintura,
ni siquiera sus errores ortográficos.

Porque algún día quiero ver una carta de amor
en medio de tanta papelería inútil.
Me quedaré solo para mejor gozarla
y la abriré con las yemas de los dedos para mejor
        no herirla.
Me pondré levemente colorado,
me tironeará la nuca,
y mientras recorra sus líneas
tal vez me suba la presión a 19
ó 20. Tampoco importa.
Algún día voy a recibir esa carta de amor.

Después,
silbaré el Himno de la Alegría del Gran Sordo
   -distraídamente-,
le haré un guiño al gato marrón que siempre está
    sobre la chimenea,
y esperaré que pase mi tortuga,
si aún existe,
para correr junto a ella y encadenar al tiempo.

One Response to “Enrique Roberto Bossero”

Demian Rulo Bossero dijo...

Gracias por este recuerdo de algunos poemas de mi padre.
Demián.