Osvaldo Lamborghini

***

El prólogo 
(un mal comienzo)

     AHORA O YA MISMO

empezar precisamente en este instante,
cuando una mano le pide 
permiso a la otra: o hasta perdón podría decirse,
porque intentan el verso para narrar un 
                 qüento
cuyo natural destino (flor, algún desatino aquí se evoca)
es la prosa
      el truco o la nostalgia de un estilo
y falto para colmo de la virtud
del virtuosismo
                      técnico 
(métrico) que el cáliz de ese verso exigiría: 
-Y si no miento, pero estoy mintiendo, si tal es la índole de mi 
anhelo,
quiero decir entonces que doblemente deseo
anhelo
                          la prosa
                          el verso
cambio de sexo.

Si me aplico llegará tal vez el momento célebre: 
la firme unión de mis dos manos confortándose
mutuamente
sobre ese signo amurallado y por ahora mítico (?)
/Sin rima (porque le sigue el blanco) /Sin traición/
por las claras cuentas del cuento, del relato.
-Ese pincel postrero y definitivo
     oh exhalación, ese signo:
el punto final del...
                                   (No)
(Es un problema) más moral que literario,
Voy a cantar una sencilla (historia de amor)
y si tiemblo (yo tiemblo, no mi "mano",
como se suele bajamente culpar
balo la cuerda
al cuerpo, 
al mismo que cerró los ojos
para iluminar aun más la curva) belleza (de un goce
que en el revés de los párpados nalgas
graba y narra sus escenas:
          ilustraciones
          textos
          fonemas) (Es un problema)
De amor (historia)
Prosa o verso, 
igual tiemblo:
la rapiña de los equívocos, la equívoca
rapiña de ciertos artífices
                                       y críticos
(o críticos) y lectores comunes u exquisitos
          que odian lo artificial (mi agua, estanque libidinal).
          Preveo sus picos y sus garras. 
Ya están aquí, junto a mi miedo
aprovechándolo 
                              a ese miedo
                              carroña
                              aprovechando
esta carne que se pudre abre
y así los deja colarse en estas letras
-llegaron los lectores, se acabó la fiesta-.
Porque es más el miedo a la falla del instrumento,
a mi torpeza, que a la lacra o a la laya
o a la clase (Homo-Sexuales) de los amores que cuento.

Prosa o verso, la primera persona o la tercera.
Crujidos, de todos modos, hundimientos...
                 ...caídas
                 inevitables...
Problema: el monto
    de ridículo
    de mala fe
    que puede el...
(sí, oscilo) que puede soportar
inevitable,  
                 el arte...
Locamente me enamoré de Eduardo y fui su esposa.
                                                        -fue hermosa,
qué clara y límpida declaración, 
                 Pero
hablo desde mí (La tercera
máscara era débil: como la cera
                se derretía y a nadie engañaba
sobre la identidad del verdadero 
puto, maestro, revelado por el cuento verdadero, 
esa "loca" -la comilla, ¿ven?- felicísima
que jamás escuchaba ni el vuelo
ni el posarse de una mosca sobre sus labios mientras
cuando lo, cuando la (¡no empecemos!)
tomaba Eduardo entre sus brazos
-besos y más besos: muchos besos primero-
y le ponía una almohada bajo el vientre
pues así el rosa, el ano se ofrecía más certero:
Una almohada y todavía
más besos          así querido? así querida
                                  así querida? así querido
antes de ponérsela
hasta el mango o como también se dice
                           hasta los huevos
metérsela. Hasta los huevos.
Es difícil. Espero no ser el único 
imbécil que así lo cree:
                    que es difícil
la cuestión esta del género
elegido para contar el man-
afeminado, floro, cuento. 
También está el lío de Juana Blanco,
que era la hembra de Eduardo y
                                                   con toda,
toda liberación
reputa y por anticipado contándomelo,
se deshizo de Eduardo para pasármelo a mí
             ¡a mí!
que estaba tan o más enamorado de Ella
(con mayúscula me gusta el pronombre
          si alude a Ella)
                                de Ella más (enamorado)
que de Eduardo, y que sigo estándolo
de Ella enamorado, hasta la lágrima
              -¡ésta
la que en este preciso, precioso
              -¡permítanme oh este juego de lá
              grimas, de palabras-
              ¡si total es lo mismo! Lágrima, 
(no desprenderme de este fatuo preciosismo)
                                                    Instante, lágrima
la que corre por mi piel, por mi reseca-
por la piel de mi fastidio, la vida de hotel.
Porque todo terminó mal y grotescamente. 
Estoy: -dolorosamente.
Solo, encerrado aquí, 
en el soso poblachoncito este
               (... me cago en él hasta un punto que...)
y sin un centavo
y grotescamente enfermo. Después de la catástrofe, 
el toque maestro: lo nada grave.
-¿Cómo puede ser algo
              grave, serio
si yo estoy en juego? una:
enfermedad sin importancia (ovarios, cansancio), supongo (histeria)
Tampoco Juana me tomaba muy en serio. 
Después de alguna noche especial, espléndida,
                        en la cama
yo olvidado -del pequeño, comillas, detalle-
le hablaba de mi amor y ella entonces me explicaba
que "éramos como hermanas"
"si sos puto, dejate de macanas"
y que había un pacto.
        (¿para qué habré leído a Thomas Mann,
         a Virgilio, a Genet?)
Y que prosa o verso
poema o relato
macho o hembra (supongo
    que ahora no tendré que dar explicaciones
    también porque siendo mujer
    me acuesto también con mujeres
    ... aunque
    ... tal vez)
Tal vez. Que Eduardo (calentaba ella en la cabeza)
era una maravilla como macho
para un papanatas indefenso.
Que yo estaba con él (machacaba ella),
que cada vez que lo miraba sentía
(ella escuchaba, advertía)
el murmullo de una ausencia en mi vientre
y el orificio rosa, rosado del ano
             entreabierto
como si fuera a hablar
a decir: ¡Eduardo,
Eduardo,
            Eduardo! ¡Oh, Eduardo, no puedo más!

Y que ella, Juana Blanco, se iba más tranquila así
dejándolo en las manos
       en tus manos, Osvaldo
de una mujer madura y sensata
con los senos ya un poco caídos y las caderas
tal vez
   Osvaldo, Oswalda
quizá demasiado anchas
   -pero que no lo notaría Él, Eduardo, 
   con tal que lo protegiera Oswalda:
si la hábil y perversa Oswalda, Madame Oswalda,
lo atendiera como a un niño y no lo dejara
"hacer planes para ganar una fortuna"
"declarar su Independencia"
porque siempre terminaba
preso antes de fanar
porque...
   bah, sería aburrido de explicar:
¡Eduardo-Eduardo! era más tarado que una caña de pescar

Tengo Educación, Letras, estudié años textos terribles y
Terrible Mente
difíciles -Esto es un desastre,
pero tal vez por eso mismo me empiece a interesar
Queda
       la posibilidad igual
de escribirlo como una novela.
la verdad es que no queda.

Todavía siento
el galope de Eduardo sobre mí
Tal vez...
         la famosa "distancia"...

No, no tiene solución.

¿Yo novela?
Pero, ¡por favor!


(Juana Blanco), 1980 "Osvaldo Lamborghini Poemas 1969 - 1985" Ed. Mondadori