Leopoldo María Panero









Diario de un seductor

No es tu sexo lo que en tu sexo busco
sino ensuciar tu alma:
                                      desflorar
con todo el barro de la vida
lo que aún no ha vivido.






Página veinte

Esperando todos los días para que venga el cierzo
para que venga el ciervo
azul como el poema, como el gamo
que corre fugitivo sobre el poema
y que sea la nada mi último poema
baba de los labios para que el hombre muera
azul sobre la página
«victorieusment fuit le suicide beau» Mallarmé lo dijo
oh belleza húmeda del suicidio
única rosa, única flor
rosa cúbica de la página
para que el hombre descubra
que no es un hombre.





La canción del croupier del Mississipi


«Fifteen men on the Dead Man's Chest.
Yahoo! And a bottle of rum!»

Canción pirata
Fumo mucho. Demasiado.
Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio,
y oigo pasar la vida como quien pone la radio.
Fumo mucho. En el cenicero hay
ideas y poemas y voces
de amigos que no tengo. Y tengo
la boca llena de sangre,
y sangre que sale de las grietas de mi cráneo
y toda mi alma sabe a sangre,
sangre fresca no sé si de cerdo o de hombre que soy,
en toda mi alma acuchillada por mujeres y niños
que se mueven ingenuos, torpes, en
esta vida que ya sé.
Me palpo el pecho de pronto, nervioso,
y no siento un corazón. No hay,
no existe en nadie esa cosa que llaman corazón
sino quizá en el alcohol, en esa
sangre que yo bebo y que es la sangre de Cristo,
la única sangre en este mundo que no existe
que es como el mal programado, o
como fábrica de vida o un sastre
que ha olvidado quién es y sigue viviendo, o
quizá el reloj y las horas pasan.
Me palpo, nervioso, los ojos y los pies y el dedo gordo
de la mano lo meto en el ojo, y estoy sucio
y mi vida oliendo.
Y sueño que he vivido y que me llamo de algún modo
y que este cuento es cierto, este
absurdo que delatan mis ojos,
este delirio en Veracruz, y que este
país es cierto este lugar parecido al Infierno,
que llaman España, he oído
a los muertos que el Infierno
es mejor que esto y se parece más.
Me digo que soy Pessoa, como Pessoa era Álvaro de Campos,
me digo que estar borracho es no estarlo
toda la vida, es
estar borracho de vida y no de muerte,
es una sangre distinta de esa otra
espesa que se cuela por los tejados y por las paredes
y los agujeros de la vida.
Y es que no hay otra comunión
ni otro espasmo que este del vino
y ningún otro sexo ni mujer
que el vaso de alcohol besándome los labios
que este vaso de alcohol que llevo en el
cerebro, en los pies, en la sangre.
Que este vaso de vino oscuro o blanco,
de ginebra o de ron o lo que sea
—ginebra y cerveza, por ejemplo—
que es como la infancia, y no es
huida, ni evasión, ni sueño
sino la única vida real y todo lo posible
y agarro de nuevo la copa como el cuello de la vida y cuento
a algún ser que es probable que esté
ahí la vida de los dioses
y unos días soy Caín, y otros
un jugador de poker que bebe whisky perfectamente y otros
un cazador de dotes que por otra parte he sido
pero lo mío es como en «Dulce pájaro de juventud»
un cazador de dotes hermoso y alcohólico, y otros días,
un asesino tímido y psicótico, y otros
alguien que ha muerto quién sabe hace cuánto,
en qué ciudad, entre marineros ebrios. Algunos me
recuerdan, dicen
con la copa en la mano, hablando mucho,
hablando para poder existir de que
no hay nada mejor que decirse
a sí mismo una proposición de Wittgenstein mientras sube
la marea del vino en la sangre y el alma.
O bien alguien perdido en las galerías del espejo
buscando a su Novia. Y otras veces
soy Abel que tiene un plan perfecto
para rescatar la vida y restaurar a los hombres
y también a veces lloro por no ser un esclavo
negro en el sur, llorando
entre las plantaciones!
Es tan bella la ruina, tan profunda
sé todos sus colores y es
como una sinfonía la música del acabamiento,
como música que tocan en el más allá,
y ya no tengo sangre en las venas, sino alcohol,
tengo sangre en los ojos de borracho
y el alma invadida de sangre como de una vomitona,
y vomito el alma por las mañanas,
después de pasar toda la noche jurando
frente a una muñeca de goma que existe Dios.
Escribir en España no es llorar, es beber,
es beber la rabia del que no se resigna
a morir en las esquinas, es beber y mal
decir, blasfemar contra España
contra este país sin dioses pero con
estatuas de dioses, es
beber en la iglesia con música de órgano
es caerse borracho en los recitales y manchas de vino
tinto y sangre «Le livre des masques» de Rémy de Gourmont
caerse húmedo babeante y tonto y
derrumbarse como un árbol ante los farolillos
de esta verbena cultural. Escribir en España es tener
hasta el borde en la sangre este alcohol de locura que ya
no justifica nada ni nadie, ninguna sombra
de las que allí había al principio.
Y decir al morir, cuando tenga
ya en la boca y cabeza la baba del suicidio
gritarle a las sombras, a las tantas que hay y fantasmas
en este paraíso para espectros
y también a los ciervos que he visto en el bosque,
y a los pájaros y a los lobos en la calle y
acechando en las esquinas
«
Fifteen men on the Dead Man's Chest
Fifteen men on the Dead Man's Chest
Yahoo! And a bottle of rum!
»





Amanecer sobre la tumba



En la playa de la noche

mostraba mis ojos a las sirenas

que jugaban impunemente con mi pene

con el falo que en el lecho maloliente

deshacen los sueños y cae la piedra

del pensamiento al suelo.




El circo



Dos atletas saltan de un lado a otro de mi alma

lanzando gritos y bromeando acerca de la vida:

y no sé sus nombres. Y en mi alma vacía escucho siempre

cómo se balancean los trapecios. Dos 

atletas saltan de un lado a otro de mi alma

contentos de que esté tan vacía.

Y oigo

oigo en el espacio sonidos

una y otra vez el chirriar de los trapecios

una y otra vez.

Una mujer sin rostro canta de pie sobre mi alma,

una mujer sin rostro sobre mi alma en el suelo,

mi alma, mi alma: y repito esa palabra

no sé si como un niño llamando a su madre a la luz,

en confusos sonidos y con llantos, o bien simplemente

para hacer ver que no tiene sentido.

Mi alma. Mi alma

es como tierra dura que pisotean sin verla

caballos y carrozas y pies, y seres

que no existen y de cuyos ojos

mana mi sangre hoy, ayer, mañana. Seres

sin cabeza cantarán sobre mi tumba

una canción incomprensible.

Y se repartirán los huesos de mi alma.

Mi alma. 

               Mi hermano muerto fuma un cigarrillo junto a mí.






Ars Magna



Qué es la magia, preguntas

en una habitación a oscuras.

Qué es la nada, preguntas,

saliendo de la habitación.

Y qué es un hombre saliendo de la nada

y volviendo solo a la habitación.





La alucinación de una mano, o la esperanza póstuma y absurda 

en la caridad de la noche 



                                                               A Isa-belle Bonet

                                                                «Todo el bienestar del mundo

                                                                  lo encuentro en Suleika

                                                                  cuando la achucho un poco

                                                                  me siento digno de mí mismo;

                                                                  si me dejara -perdería los ojos.»

                                                                  (Goethe, Diván oriental-occidental)



      Una mujer se acercó a mí y en sus ojos

  vi todos mis amores derruidos

y me asombró que alguien amase aún el cadáver,

alguien como esa mujer cuyo susurro

repetía en la noche el eco de todos mis amores aplastados

y me asombró que alguien lamiese en las costras 

                                                                             todavía

tercamente la sustancia que fue oro,

aquello que el tiempo purificó en nada.



          Y la vi como quien ve sin creerla

          en el desierto la sombra de un agua,



la amé sin atreverme a creerlo.



          Y la ofrecí entonces mi cerebro desnudo,

          obsceno como un sapo, obsceno como la

                                                           vida,

           como la paz que para nada sirve

           animándola a que día tras día lo tocase

           suavemente con su lengua repitiendo

           así una ceremonia cuyo sentido único

           es que olvidarlo es sagrado.







El noi del sucre



Tengo un idiota dentro de mí, que llora,

que llora y que no sabe, y mira

sólo la luz, la luz que no sabe.

Tengo al niño, al niño bobo, como parado

en Dios, en un dios que no sabe

sino amar y llorar, llorar por las noches

por los niños, por los niños de falo

dulce, y suave de tocar, como la noche.

Tengo a un idiota de pie sobre una plaza

mirando y dejándose mirar, dejándose

violar por el alud de las miradas de otros, y

llorando, llorando frágilmente por la luz.

Tengo a un niño solo entre muchos, as

a beaten dog beneath the hail, bajo la lluvia, bajo

el terror de la lluvia que llora, y llora,

hoy por todos, mientras

el sol se oculta para dejar matar, y viene

a la noche de todos el niño asesino

a llorar de no se sabe por qué, de no saber hacerlo

de no saber sino tan sólo ahora

por qué y cómo matar, bajo la lluvia entera,

con el rostro perdido y el cabello demente

hambrientos, llenos de sed, de ganas

de aire, de soplar globos como antes era, fue

la vida un día antes

de que allí en la alcoba de

los padres perdiéramos la luz.







Sueño de una noche de verano



Los hombres del Viet son tan hermosos cuando mueren.

El agua del río, lamiendo sus piernas, hacía más sexual

su ruina. 

               Luego vinieron las Grandes Lluvias, buscando

la vagina hambrienta de la selva, y todo lo 

                                                                         borraron.



Quedó sólo en los labios la sed e la batalla, para nada,

como baba que cae de la boca sin cerebro. 

                                                                          Hoy

que en el lecho sin árboles ni hojas

con tu lengua deshojas el árbol de mi sexo

y cae toda la noche el semen como lluvia

y cae toda la noche el semen como lluvia, dime

besando suavemente el túnel de mi ano

cueva de la anaconda que aún me marca

los ritmos de la vida, qué era, qué es

qué es un cadáver.