Anne Sexton

































CUANDO EL HOMBRE PENETRA A LA MUJER

Cuando el hombre
penetra a la mujer,
como oleaje que rompe en la orilla,
una y otra vez,
y la mujer abre la boca de placer
y sus dientes relucen
como el abecedario,
aparece Logos ordeñando una estrella,
y el hombre
dentro de la mujer
hace un nudo
para que nunca
vuelvan a separarse
y la mujer
trepa a una flor
y se traga el tallo
y aparece Logos
a liberar sus ríos.
Este hombre,
esta mujer
con su hambre duplicada,
trataron de atravesar
la cortina de Dios
y por un instante lo lograron,
aunque Dios
en Su perversidad
desata el nudo.



LA ASESINA

La muerte correcta está escrita.
Voy a satisfacer la necesidad.
Mi arco está tenso.
Mi arco está listo.
Yo soy la bala y el anzuelo.
Estoy gatillada y dispuesta.
En mi mira lo tallo
como una escultora . Modelo
su última mirada a los demás.
Pongo sus ojos y su cráneo
en todas las posiciones.
Conozco su sexo de varón
y lo recorro con mi índice.
Su boca y su ano son uno.
Estoy en el centro de la sensibilidad.

Un subte
viaja a través de mi ballesta.
Tengo un cerrojo de sangre
y lo hice mío.
Con este hombre tomo el control
de su destino, con esta arma
tomo los diarios y
con mi fuego voy a tomarlo a él.
Va a doblarse ante mí
y las venas le van a salir
como hijos... Dame
su bandera y su ojo.
Dame su cáscara dura y su labio.
Él es mi manzana y mi mal

y voy a acompañarlo a casa.



PALABRAS

Tené cuidado con las palabras,
incluso con las milagrosas.
Por las milagrosas damos lo mejor que tenemos,
a veces proliferan como insectos
y dejan un beso en lugar de un aguijón.
Pueden ser tan buenas como los dedos.
Tan fieles como la piedra
a la que pegás el traste.
Pero tanto pueden ser margaritas como moretones.

Igual estoy enamorada de las palabras.
Son palomas que caen del techo.
Son seis naranjas sagradas en mi regazo.
Son los árboles, las piernas del verano,
y el sol, su cara apasionada.

Aunque me fallan seguido.
Hay tantas cosas que quiero decir,
tantas historias, imágenes, proverbios, etc.
Y las palabras no son suficientes,
las equivocadas me besan.
A veces vuelo como un águila
con alas de gorrión.

Pero trato de ser cuidadosa
y delicada con ellas.
Palabras y huevos deben manipularse con cuidado.
Una vez que se rompen son cosas
imposibles de arreglar.



EL BESO

Mi boca florece como un tajo.
Todo el año estuve equivocada, noches
de tedio, nada ahí más que codos ásperos
y primorosas cajas de Kleenex gritando ¡llorá-nena,
estúpida, llorá!

Hasta hoy mi cuerpo era inútil.
Ahora desgarra sus esquinas cuadradas.
Desgarra los hábitos de la vieja María, nudo por nudo
y mirá-- Ahora lo bombardean esos rayos.
¡Bzzzz! ¡Una resurrección!

Una vez fue una barca, toda de madera
y sin problemas, sin agua salada por debajo,
a la que le hacía falta una mano de pintura. No era nada más
que un montón de tablas. Pero la levantaste, la aparejaste.
Fue la elegida.

Mis nervios están encendidos. Los oigo como
instrumentos musicales. Donde había silencio,
los tambores y las cuerdas tocan incurables. Vos hiciste eso.
Genio puro trabajando. Querido, el compositor
ha entrado al fuego.



LA BALADA DE LA MASTURBADORA SOLITARIA

El final de la historia es siempre la muerte.
Ella es mi taller. Ojo resbaladizo,
fuera de la tribu de mi yo, mi aliento
encuentra tu ausencia. Asusto
a los que se quedan. Estoy harta.
A la noche, sola, me caso con la cama

Dedo por dedo, ella ahora es mía.
No está tan lejos. Es mi encuentro.
La toco como una campana. Me recuesto
en la enramada donde la solías montar.
Me tomabas sobre la colcha de flores.
A la noche, sola, me caso con la cama.

Por ejemplo esta noche, mi amor,
que todas las parejas se unen
en una volteada conjunta, arriba y abajo,
el dúo abundante en esponja y pluma,
empujando de rodillas, cabeza a cabeza.
A la noche, sola, me caso con la cama.

Así escapo de mi cuerpo,
un milagro molesto.¿Puedo
exhibir el mercado de los sueños?
Me abro. Me crucifico.
Mi ciruelita le decías.
A la noche, sola, me caso con la cama.

Después llegó mi rival de ojos negros.
La dama del agua, alzándose en la playa,
con un piano en la punta de los dedos, vergüenza
en los labios y una voz de flauta.
Y pasé a ser la escoba vieja.
A la noche, sola, me caso con la cama.

Te arrebató como se arrebata
un vestido de oferta del perchero
y yo me quebré como lo hacen las piedras.
Te devuelvo tus libros y las cañas de pescar.
El diario de hoy dice que se casaron.
A la noche, sola, me caso con la cama.

Chicos y chicas esta noche son uno.
Desabrochan blusas. Bajan cierres.
Se sacan los zapatos. Apagan la luz.
Los seres que brillan están llenos de mentiras.
Se comen unos a otros. Comen de más.
A la noche, sola, me caso con la cama.



CONSEJOS PARA UNA PERSONA ESPECIAL

Cuidado con el poder,
porque su avalancha puede enterrarte,
nieve, nieve y nieve, asfixiando tu montaña.

Cuidado con el odio,
que puede abrir la boca y hacerte
comer tu propia pierna como un leproso instantáneo.

Cuidado con los amigos,
cuando los traiciones,
como lo vas a hacer,
van a meter la cabeza en el inodoro
y a tirar el agua.

Cuidado con el intelecto,
porque sabe tanto que no sabe nada
y te deja colgado cabeza abajo
boqueando sabiduría mientras el corazón
se te sale por la boca.

Cuidado con los parlamentos, la parte del actor,
el discurso planeado, sabido, masticado,
porque van a delatarte
y te vas a quedar parado ahí como un nene desnudo,
meándote en tu propia cuna.

Cuidado con el amor
(salvo que sea verdadero,
y cada parte tuya, hasta los dedos de los pies, diga sí),
porque te va a envolver como una momia
y nadie va a oírte gritar
y vas a correr sin fin.

¿El amor? Sea hombre. Sea mujer.
Tiene que ser una ola sobre la que querés brillar,
a la que querés entregarle tu cuerpo, entregarle tu risa,
y, cuando la arena áspera te reclame,
entregarle tus lágrimas a la tierra. Amar a otro es algo
como una plegaria y no puede planearse, te dejás caer
en sus brazos porque tu fe deshace tu incredulidad.

Persona especial,
en tu lugar no le prestaría atención
a mis consejos,
un poco hechos de tus palabras
y un poco de las mías.
En colaboración.
No creo ni una palabra de lo que dije,
excepto algo,que te veo como un árbol joven
con las hojas pegadas y sé que vas a echar raíces
y entonces va a aparecer lo verde de verdad.

Dejá ir. Dejá ir.
Oh persona especial,
hojas posibles,
mientras tanto, a esta máquina de escribir le gustás
y quiere romper vasos
celebrando
por vos,
cuando te arranques la corteza oscura
y vueles
como un globo.



DEMONIO

                    “Un hombre joven le teme a su demonio y a veces
                     le pone la mano sobre la boca” ...-
                                                                                 D. H. Lawrence


Le hablé de mi demonio a un amigo
y mi amigo nadó en petróleo hasta llegar a mí
grasoso y críptico
y me dijo
“Estoy pensando en rescatarlo.
Lo empeñé hace años”

¿Y quién iba a comprar
al demonio empeñado
amarilleando de olvido
y con la mano en la garganta?
Sacalo del empeño, amigo,
pero cuidado con la pena
que va a volar a tu boca como un pájaro.

Mi demonio
demasiado a menudo desvestido
demasiado a menudo crucifijo que antepongo
demasiado a menudo margarita seca que riego
demasiado a menudo el niño que doy a luz
y después aborto, sin nombre, sin nombre…
sin patria.

Oh demonio interior,
Yo tengo miedo y rara vez  me llevo la mano
a la boca  y me la coso
ahogándote , escondiéndote
de los ojos voyeur
de las teclas de mi máquina de escribir.

¿Si te empeñase
cuántos lingotes me darían,
cuántos centavos, nadando en sus besos de cobre
cuántos pájaros en camino a perecer?

No.
No.
Yo te acepto,
Vos venís con los muertos que pueblan mis sueños,
que caminan por mi  escritorio
(como la Madre, con el cáncer florecido en sus
tetas Mejor & Cía -
bailando el vals con su fantasma de papel tissue)
Los muertos que le dan caramelos a la diabética que hay en mí,
que les dan voltios
a los ataques de rosas
que a veces vuelan de y hacia mí.
Sí.
Sí.
Te acepto, demonio.
No voy a taparte la boca.
De ser el hombre que amo, impura y con la manzana en alto
de ser la mujer que amo, enferma dentro de su sangre,
sus gases almibarados y sus ramas caídas.

Demonio, manifiéstate
aunque fuese Dios a quien invoco,
parado como un cuervo
queriéndome comer,
empezando por los labios y la lengua.
Y yo intentando caer en Sus despojos,
yo tomo el pan y el vino
y el demonio pedorrea y se ríe
de mi Dios desalojado de mi boca
mujer anónima
en el altar anónimo.


UNA VEZ Y OTRA VEZ Y OTRA VEZ

Dijiste que el enojo iba a volver
como volvió el amor.

Tengo una mirada negra que no
me gusta. Es una máscara que me pruebo.
Cuando emigro hacia ella, su rana
se sienta sobre mis labios y defeca.
Es vieja.  Y además, una pordiosera.
Estuve tratando de tenerla a dieta.
No le doy la extremaunción.

Hay una mirada buena que uso
como un coágulo de sangre. La
cosí sobre mi pecho izquierdo.
Hice de ella una vocación.
Ahí se plantó la lujuria
y yo te puse a vos y a tu
hijo en su pezón.

Oh la negrura es homicida
y el pezón reboza
y cada máquina funciona
y yo voy a besarte cuando
acuchille a una docena de hombres nuevos
y vas a morir un poco,
una y otra vez.


ES UNA TARDE DE PRIMAVERA

Acá todo es amarillo y verde.
Escuchá su garganta, la piel de la tierra,
las voces como hueso seco de los curiosos
que prenden y apagan como carteles.
Los animalitos del bosque
llevan sus máscaras mortuorias
a una angosta cueva invernal.
El espantapájaros se arrancó
los ojos como dos diamantes
y entró en el pueblo.
El general y el cartero
soltaron los paquetes.
Todo esto ya pasó antes
pero acá nada es antiguo
Acá todo es posible.

Es por eso
tal vez, que una chica se quitó
sus prendas invernales y se ubicó
estratégicamente en la rama de un árbol
en un recodo del río.
Está echada en esa rama
sobre las casas de los peces
que nadan dentro y fuera de su reflejo
arriba y abajo por las escalinatas de sus piernas.
Su cuerpo lleva las nubes de vuelta a casa.
Ella contempla su rostro acuático
en el río donde los hombres ciegos
van a bañarse al mediodía.

Por eso 
al suelo, esa pesadilla invernal,
se le curaron sus llagas y explota
de pájaros verdes y vitaminas.
Por eso 
los árboles se meten en sus trincheras
y alzan copitas de lluvia
con sus dedos delgados.
Por eso 
una mujer se para delante de su cocina
asando flores y cantando.
Acá todo es amarillo y verde.

Seguro la primavera va a permitir
que una chica desnuda
se mueva dulcemente bajo su luz
y no le tema a su lecho.
Ya contó siete capullos
en su verde espejo verde.

Dos ríos se mezclan debajo de ella.
El rostro de la niña se arruga
en el agua y se pierde para siempre.
La mujer es lo único que puede verse
en su gracia animal.
Su piel preciosa y obstinada,
en lo profundo, bajo el árbol del agua.
Todo es enteramente posible
y hasta los ciegos pueden ver.


ANNA LA LOCA

Anna, la loca,
tengo un cuchillo bajo el brazo.
Cuando me paro de puntas tipeo mensajes.
¿Soy una especie de infección?
¿Yo te hice volver loca?
¿Yo hice que los sonidos se pusieran rancios?
¿Yo te pedí que salieras por la ventana?
Perdón. Perdón.
Decí que no lo hice.
Decí que no.
Decí.

Decinos la palabra de María en la almohada.
Llevate a mi flacucha de doce
en tu regazo hundido.
Susurrá como el ranúnculo.
Comeme. Comeme como a un flan de crema.
Tomame.
Tomame.
Tomá.

Dame un informe del estado de mi alma.
Dame una declaración completa de mis actos.
Pasame un lirio para que escuche en su interior.
Acomodame en los estribos y hacé pasar a un grupo de turistas.
Enumerá mis pecados en la lista del súper y dejame comprar.
¿Yo te hice volver loca?
¿Yo te encendí el audífono y dejé sonando la sirena?
¿Yo le abrí la puerta al psiquiatra de bigotes
que te arrastró como una carretilla de oro?
¿Yo te hice volver loca?
¡Desde la tumba, escribime, Anna!
No sos más que cenizas pero
agarrá la Parker que te regalé.
Y escribime.
Escribí.



CIGARRILLOS, WHISKY Y MUJERES SALVAJES

(De una canción)

Tal vez nací de rodillas,
nací tosiendo en el largo invierno,
nací esperando el beso de la piedad,
nací con cierta pasión por la rapidez
y así, cuando las cosas progresaron,
aprendí sobre la empalizada
y lo que se saca fuera, el  gas de la enema.
Por dos  o tres aprendí a no arrodillarme,
a no esperar, a plantar mis fuegos bajo tierra
donde no hay nadie a quien susurrarle o acostar a morir
excepto las muñecas, perfectas y terribles.

Ahora que escribí muchas palabras,
y revelé tantos amores, y para tantos,
y he sido enteramente lo que siempre fui –
una mujer de exceso, de fervor y ambición,
encuentro que el esfuerzo fue inútil.
¿Acaso en estos días
no miro al espejo y veo
a una rata ebria esquivarme los ojos?
¿No siento tan intenso el hambre
que moriría antes de mirarla a la cara?

Me arrodillo una vez más,
por si acaso la piedad llegase
justo a tiempo.


DESDE EL JARDÍN

Vení, mi amor,
fijate en los lirios.
Nosotros somos de poca fe.
Hablamos de más.
Dejá de lado tu montón de palabras
y vení conmigo a mirar
los lirios abiertos en ese campo,
creciendo como veleros,
orientando  sus pétalos lentamente
sin enfermeras ni relojes.
Consideremos la vista:
una casa donde las nubes blancas
decoran los zaguanes embarrados.
Ah, dejá de lado tus buenas palabras
y tus malas palabras
¡Escupilas como piedras!
¡Vení! ¡Vení!
a comerte mis frutas complacientes.


Versiones al castellano de Sandra Toro