Antonio Gamoneda - tres poemas



Foto de Amando Casado, Antonio Gamoneda posando para el escultor Amancio González 


1
Amé. Es incomprensible como el temblor de los árboles.
Ahora estoy extraviado en la luz pero yo sé que amé.
Yo vivía en un ser y su sangre se deslizaba por mis venas y
la música me envolvía y yo mismo era música.
Ahora,
¿quién es ciego en mis ojos?
Unas manos pasaban sobre mi rostro y envejecían dulcemente. ¿Qué
fue existir entre vidrios y preguntas, entre cuerdas y espíritus?
¿Quién fui en los brazos de mi madre, quién fui en mi propio corazón?
Es extraño:
solamente he aprendido a desconocer y olvidar pero el amor
habita en el olvido.


2
Sacudí la ceniza de mis párpados.
Busqué la luz en el interior de la noche y, sí, se abrió en mí una esfera de luz.
                                                                          /Era como ser y no ser.
Descansé de mí mismo
hasta sentir que mis venas se vaciaban en la luz
y que las sombras giraban hasta crear el día.
Me acerqué a las materias visitadas por cuchillos, a las que gritan hasta despertar
                                                                        /el corazón
y aún sentí la pulsación del hierro y la pasión de las máquinas enloquecidas en la
                                                                       /inmovilidad.
En la pausa mortal, una vez más,
pasaron suavemente sobre mí tus manos.


3
Oigo un grito amarillo: luz desgarrada por la luz.


Por caminos de espinas, he llegado
al páramo invisible.
No merecía la pena. Me dispongo
al olvido y al vértigo. Ésta es la última
dificultad. Es excesivo
este cansancio sin destino.

                                       No
había palomas en la eternidad.
                                               No
había eternidad.