Adiós al lenguaje, Jean - Luc Godard

CINE

por Agustín Mazzini


















Contada a través de los ojos de un perro que vaga por la ciudad y luego se suma a la vida de una pareja, esta historia es la que sucede a los recientes documentales políticos y cortometrajes de uno de los directores franceses más importantes de la nouvelle vague, Jean-Luc Godard (París, 3 de diciembre de 1930).

Una metáfora de la verdad son esos niños jugando a los dados.

Bajo su habitual estilo vanguardista, esta cinta insinúa, habla voz baja, al oído, en secreto, sobre las nuevas y no tan nuevas obsesiones de Godard: la vejez, la muerte, el desencanto.
Desde el inicio uno siente estar asistiendo a una elegía, a una despedida, al último grito agónico de un decir: Adiós al lenguaje. Hoy, que solo se habla con la fuerza instantánea de la imagen (ámbitos distintos y dispares ofrecen claros ejemplos de esto: la publicidad, la tecnología y, a veces, hasta el cine), un título de este calibre es toda una declaración.

Un relato sin linealidad ni un hilo conductor que apela a imágenes/ símbolos para exponer agudas alegorías. Paisajes poéticos y metáforas profundas que reflexionan sobre diversos temas, nos arrastran a un clima que el director genera plano a plano. 

Planteos existenciales
Durante la película se recrea la sensación del “estar pensando”: metáforas concentradísimas, saltos repentinos de escena, colage de imágenes, música interrumpiéndose, tomas de paisajes como una manera de darle color a ese pensamiento junto a voces en off que —mayormente— hablan de filosofía con cambios de ritmo abruptos. Todo apunta hacia la fibra más íntima, más primera del hombre.

Abunda, por tanto, un intento constante de reducir la existencia a lo más primitivo, de encerrarla en su propio haber. Quizá, por este motivo, se cuente desde los ojos de un perro: la representación de aquello más básico, la reducción del todo hasta lo más esencial.

En Adiós al lenguaje, la historia es la excusa, y los actores y los personajes, un recurso más que contribuyen a la inmensidad de asuntos intensos y sensibles que se desarrollan. Dos protagonistas — desnudos en numerosas tomas, simbolizando lo dicho anteriormente— que con su actitud y sus diálogos en el reflejo de la cotidianidad, nos hacen percibir el silencioso, casi imperceptible hilo/ lógica que une todo el film: el sentirse en busca de algo, redundando en lo esencial (¿el lenguaje?), compartiendo la profunda soledad de ser ajenos a ellos mismos, a la muerte y a la vida, no ya como una temática más del desencanto, sino como una certeza que renueva el tratamiento de la tan trillada relación entre el sexo y la muerte/ la sensualidad y la podredumbre.

Vemos críticas fuertes, a veces, en solo una secuencia. Por ejemplo, a las nuevas formas de comunicación. Las “interferencias” y lejanías que produce: aparecen las manos de dos personas escribiendo en sus teléfonos móviles y mostrándose mutuamente las pantallas, sin tocarse ni nada que sugiera algún tipo de contacto físico o verbal.
Nada está librado al azar: ni las interrupciones de la música ni los saltos de escena, ni guiones, paisajes o repeticiones; todo se encamina hacia una misma dirección.

¿Surrealismo?

Visto a la ligera, podría tildársela de obra surrealista o hermética. Yo diría, más bien, que hay un minucioso trabajo entre el simbolismo (poesía francesa: Rimbaud, Baudelaire, Verlaine) mezclado con la filosofía (especialmente el existencialismo, Sartre). Por eso, no es improbable que a primera vista una mixtura de este tipo, cause la impresión de “surrealista” o “dadaísta” (hay directores mucho más dedicados al desarrollo de esos dos géneros, como Luis Buñuel y David Lynch).

Nada es más erróneo que pensar que hay algún detalle librado al azar. Aunque no de manera explícita, todo tiene una fuerte carga simbólico emocional.
Otro punto: el fotograma es digno de destacar; la imagen del mar bajo la mirada atónita del perro.

Como crítica, creo innecesario y descontextualizado el abordar del director sobre temas políticos al principio de la película. Quedan en el aire, tratados sin cuerpo, relegados frente a la belleza y al drama existencial que luego se desenvuelve.


Últimas consideraciones

Para ver Adiós al lenguaje se debe  tomar a la película como un todo, esto es: música, imagen, guión. Quien quiera ver una película lineal, una historia convencional, se decepcionará profundamente. Aún así, no deja de ser otra genialidad de la leyenda viviente del cine que es Jean-Luc Godard.





One Response to “Adiós al lenguaje, Jean - Luc Godard”

Amanecer Nocturno dijo...

¿Habláis también de The Tribe?